A JUAN SALAS MONERRI.-

17 Junio 2009 at 9:52 pm (Personal)

Siempre pasa lo mismo. Una llamada, un comentario, en este caso mi amigo Enrique me lo comunicó, la noticia en la prensa local. La noticia del fallecimiento de mi compañero y amigo Juan Salas.

La última vez que nos vimos, en el paseo, me dijo que estaba a punto de ser llamado para una operación de próstata y que en cierta manera estaba un poco nervioso por la tardanza de su convocatoria y cita con el quirófano. Pero la vida nos da y nos quita alegrías y penas y esta es una pena por lo que representaba su figura.

Querido Juan Salas, porque todo el mundo lo llamaba con nombre y apellido. No he podido ir a despedirte por estar en Málaga, cuando tú yo y los demás compañeros del banco hemos estado a despedir a otros compañeros y me siento mal, pero me quedo con tantas conversaciones que hemos tenido por el paseo de Almería.

Yo de toda tu vida, me quedo con lo buen compañero que has sido, lo que nos hemos reído en las comidas de la oficina, con los chistes, tu fina ironía para describir detalles cotidianos. La chispa viva a comentarios jocosos, el fútbol.

Cuando se hicieron unos campeonatos interbancarios, fuiste nuestro “entrenador” y “cuidador” en repetidos partidos y cuando un futbolista se “lesionaba”, acudías, con un chándal amarillo canario a “socorrernos” con….¡ una garrafa de vino de ocho litros ¡ para aliviar el encontronazo. Ni que decir tiene, que durante el transcurso del partido, “ los lesionados eran una plaga “.

Como profesional, un caballero con todo su talento para atender a los clientes con categoría, y si algunos, que los hay y querían bronca, sacabas tú toque personal y siempre amable dándole “ larga cambiada” y ahí quedaba el incidente.

Dejas a tú hijo Juaníto Salas, al frente del mismo puesto donde estuviste tantos años como legado de tu paso por la oficina, tímido y serio, pero muy cariñoso y cordial en las distancias cortas.

Tantas horas en la caja fuerte por las tardes, limpiando billetes, nuevos, viejos, nuevos, viejos, hasta que a las nueve de la noche teníamos los ojos que no veíamos ni siquiera, el color que tenían, y al mismo tiempo nos contábamos todas las anécdotas del día, de la familia y de la última hora.

Otro de las muchas peculiaridades era la forma de encarar los problemas. De una sencillez pasmosa y de esta manera solucionabas el problema y nos dabas ánimos.

Haría falta bastante espacio para contarlo todo, pero no lo hay. Yo este humilde contador de historias, siente enormemente su “partida” y donde quieras que estés estoy seguro que inmediatamente tendrás montones de amigos como en la Tierra.

Juan Salas, te quiero, tu lo sabes y tú señora María y tus hijos por la buena gente que has sido.

Desde tu Almería del alma te mando un fuerte abrazo eterno….ya no veremos.

Juaníto Cortés

1 comentario

  1. Si Puedo dijo:

    Siento Juan lo de tu amigo :(

Escribe un comentario